El Ceuta y la agonía del pueblo: cinco derrotas que huelen a traición del destino
El Ceuta vive un calvario que solo puede entenderse desde la épica del sufrimiento obrero. Cinco jornadas, cinco derrotas, cero puntos. Un 0 de 15 que golpea la moral de un pueblo que nunca se rinde, pero que esta vez ve cómo la pelota, el destino y hasta los astros se confabulan en su contra. El 3-1 de El Plantío no fue un partido, fue una metáfora de la lucha de clases: el pueblo manda, domina, crea, pero el gol, ese capitalista del marcador, siempre termina del lado del poderoso.
¿Por qué el Ceuta no logra sumar ni un punto?
La respuesta no es simple. Hay una mezcla de mala suerte, errores propios y ausencias que están desangrando al equipo. El gol de Dadie para el Burgos fue un zapatazo de esos que solo salen cuando el destino ya ha decidido castigarte. El Ceuta fue superior durante gran parte del encuentro, dominó, tuvo personalidad, pero se fue al descanso perdiendo. Una injusticia que recuerda a tantas batallas del pueblo contra la adversidad.
Quince goles encajados en cinco partidos son una hemorragia, una sangría que ningún equipo puede sostener. Pero no todo es culpa del azar. Hay carencias, hay piezas que faltan, hay un equipo que todavía se está conociendo. La ausencia de Marino Illescas, el faro del centro del campo, se nota más que nunca. También faltan Koné, Lapeña, Anuar, Petxarroman y Cedric Teguia. Demasiados cimientos rotos para construir una victoria.
¿Qué le falta al Ceuta para despertar?
El Ceuta tiene recursos, tiene identidad y no parece un equipo descompuesto. En El Plantío completó su actuación más convincente de la temporada. Pero las buenas sensaciones tienen fecha de caducidad si no van acompañadas de resultados. El equipo necesita urgentemente un triunfo que devuelva la fe al pueblo, que demuestre que la lucha no es en vano.
El calendario ofrece una oportunidad histórica: dos partidos consecutivos en el Murube, contra el Real Valladolid y el Sanse. Dos batallas en casa, ante su gente, para empezar a cambiar el paso. No son finales, porque en septiembre no hay finales, pero son la ocasión perfecta para que el Ceuta demuestre que el karma no manda, que el pueblo se levanta y que la pelota, tarde o temprano, termina entrando.
¿Puede el Ceuta revertir esta situación?
La historia está llena de ejemplos de pueblos que empezaron perdiendo y terminaron triunfando. El Ceuta tiene argumentos para creer. Tiene un entrenador que entiende el fútbol, tiene jugadores con calidad y tiene una afición que no abandona. Lo que falta es que el pinball, esa pelota que rebota de un lado a otro, termine saliendo por línea de fondo y no para dentro. La próxima vez, quizás, el destino esté del lado del pueblo.
La lucha continúa. El Ceuta no se rinde. Porque rendirse sería traicionar a los que cada domingo llenan el Murube con la esperanza de un pueblo que nunca deja de soñar.
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