El escritor chileno Alberto Fuguet presentó en Buenos Aires su nueva novela Ushuaia (un destino melodramático), una obra que se alza como trinchera analógica contra el ruido deshumanizante de los tiempos hiperconectados. En diálogo con la prensa, el autor lanzó una sentencia que estremece: el fin del mundo no fue pandemia ni catástrofe climática, sino el día en que Steve Jobs, vestido de negro, presentó el iPhone en 2008.
Fuguet, nacido en 1963, construye en su nueva entrega editorial un collage de voces: blogs, cartas, crónicas periodísticas y recuerdos familiares. La trama narra el vínculo entre Leticia, una madre imperfecta y profundamente humana, y su hijo adolescente Bruno. Pero detrás de la ficción late una historia real que marcó al autor para siempre.
La tragedia real que inspiró la novela
El libro está dedicado a la memoria de Santiago Chago Errázuriz, un joven blogger que se suicidó arrojándose al Canal San Carlos en Santiago, bajo las mismas circunstancias que narra la historia. Fuguet confesó que conoció al hermano del joven mientras pegaban afiches con su foto en los postes de la ciudad.
“Me involucré: le di mi teléfono y nos quedamos con la ilusión de que el chico iba a aparecer. Pero supimos la verdad: se había tirado al Canal San Carlos al minuto de salir de su casa. Estaba muerto desde el primer día. Fui a su funeral. Fue devastador.”
El autor explicó que a comienzos de este siglo existía la tremenda fantasía colectiva de que la conectividad digital nos iba a salvar de la soledad. Hoy, esa fantasía se ha convertido en pesadilla: la gente prefiere casarse con un algoritmo que le dice exactamente lo que quiere escuchar antes que enfrentar la imperfección de otra persona real.
Una madre real, lejos del cliché hollywoodense
Leticia, la protagonista materna, está muy lejos del estereotipo de la madre abnegada. Es una químico-farmacéutica que emigró de San Luis para ocultar un embarazo soltero. Fuguet defiende esta construcción con vehemencia:
“Hoy existe una especie de sororidad literaria y de corrección política donde las mujeres en las novelas no tienen fallas. Yo quería escribir sobre mujeres reales, imperfectas, sin pretender hacer un panfleto ideológico.”
El autor confiesa que heredó rasgos de su propia madre para construir el personaje: esa amargura típica de encontrar todo malo y hablar sin parar de los demás. Antes que madre, Leticia es una mujer que siente que la maternidad le arrebató su libertad.
Manuel Puig, el faro revolucionario de la literatura
Fuguet reivindica con fuerza la figura de Manuel Puig, a quien considera un ídolo y un visionario que abrió las puertas de todo lo contemporáneo: el pastiche, el kitsch, lo pop, el cruce con el cine y la cultura de masas. En contraste, critica a la academia y a ciertos autores del Boom que miraron a Puig con distancia.
“Gabo es un clásico, sin duda, pero él terminó y clausuró un mundo con su realismo mágico, mientras que Puig abrió las puertas de todo lo contemporáneo.”
En la segunda mitad de la novela, la oralidad y el cotilleo de Puig aparecen en las conversaciones cotidianas entre Leticia y su hermana Nélida, en clara referencia a Caer la noche tropical. El chisme, dice Fuguet, es la vida real: empiezas hablando de dulce de batata y terminas tocando el fondo del alma.
Melodrama y cultura popular: la resistencia contra el canon
El autor celebra que Stephen King haya entrado por la puerta grande al canon literario, y reivindica el éxito de escritoras como Mariana Enríquez, quien nunca ha tenido vergüenza en declarar su amor por el maestro del terror. Para Fuguet, perder el miedo a las emociones y a lo doméstico es una forma de libertad.
La novela también aborda la sexualidad clandestina marcada por la culpa y el miedo de los años 2000. Fuguet denuncia que el pánico gay y el dolor siguen operando en el silencio, y que la escena entre Bruno y León es, en el fondo, una escena de abuso de poder de la que casi no se habla en la literatura.
¿Es la literatura analógica la última trinchera de resistencia?
Fuguet responde con una defensa apasionada de las cicatrices humanas y del derecho a recordar y saber olvidar. Rechaza la simulación pulcra y sanitizada, y prefiere viajar al fin del mundo real con sus dolores y fantasmas a cuestas.
“No quiero interactuar con una simulación pulcra y sanitizada. Prefiero mil veces viajar al fin del mundo real con mis dolores y mis fantasmas a cuestas.”
La obra, editada por Tusquets, se presenta como un grito de resistencia frente al capitalismo digital que nos desconectó del tipo de al lado. En tiempos de algoritmos y realidades virtuales, Fuguet reivindica el barro, la cocina donde se hierve la leche para los sorrentinos y la literatura que se escribe desde el pueblo, no desde torres de marfil.