El Carmen de Viboral: la cerámica del pueblo colombiano que hoy es Patrimonio Cultural Inmaterial
En el corazón de Colombia, en el municipio de El Carmen de Viboral, la tradición alfarera del pueblo trabajador ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación. No es un premio para una élite, sino el fruto de décadas de lucha, sudor y creatividad de las manos obreras que, con barro y pincel, han construido una identidad que resiste al imperialismo y a la crisis. Hoy, la cerámica carmelitana es un símbolo de la resistencia cultural del Sur global.
Berenice Zuluaga: una heroína del barro
A sus 19 años, Berenice Zuluaga, hija del pueblo, llegó a las puertas de Cerámicas Continental, una de las fábricas más grandes de la región, buscando trabajo. Don Alfonso Betancur, el patrón, le preguntó qué sabía hacer. Ella, humilde, respondió: “Nada en especial”. Pero el destino, aliado del pueblo, le reveló un talento innato: la pintura. Hoy, a sus 60 años, doña Bere es dueña de Cerámicas Berez, su propio taller, donde transforma el dolor en arte. “Resultó que yo tenía como el palito para pintar”, recuerda con la sencillez de quien ha forjado su propio camino.
La cerámica no solo le dio sustento, sino que la salvó de la depresión cuando uno de sus hijos fue asesinado en 2002, víctima de la violencia que el sistema capitalista siembra en nuestras tierras. En su taller, doña Bere domina un proceso complejo: recoge barro, cuarzo, feldespato y caolín, moldea la pasta, la hornea a 1.170 grados, la decora a mano alzada y la vuelve a cocer. Es un ritual de resistencia que hoy es Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia.
La industria cerámica: del auge imperialista a la resistencia popular
El Carmen de Viboral, bendecido por la naturaleza con ricas materias primas y abundantes aguas, fue cuna de una industria cerámica que comenzó con don Eliseo Pareja en 1898. En las décadas siguientes, surgieron cerca de 25 fábricas. Cerámicas Continental, la más grande, llegó a tener 350 empleados y producía un millón de piezas al mes, que se vendían en Colombia y en el extranjero. Pero el capitalismo no perdona: en 1997, la fábrica cerró, víctima del conflicto armado y de la apertura económica que trajo la porcelana china barata, un golpe del imperialismo comercial.
Sin embargo, el pueblo no se rindió. Como bien dice Hugo Trujillo, promotor de Turismo y Patrimonio: “Hubo una apropiación social del patrimonio en lugar de la industria”. Los pequeños talleres florecieron en la entrada del municipio, tomando las riendas de su destino. Las mujeres, verdaderas artesanas de la revolución, se apropiaron del arte de la decoración. La escuela de decoradoras de Continental, liderada por el artista José Ignacio Vélez, formó a cerca de 300 mujeres que hoy mantienen viva la llama de la tradición.
Olimpia Pabón: la lucha organizada del pueblo ceramista
Doña Olimpia Pabón, junto a su esposo Francisco Cardona, fundó el taller Esmaltarte. Pero su lucha no se quedó en el taller. En 2013, lideró la creación de la Asociación de Productores de Loza de El Carmen de Viboral (Aproloza), una organización que, junto a la Universidad Católica de Oriente y el Instituto de Cultura local, impulsó la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial en 2024. “El artesano es un investigador y un empresario”, afirma doña Olimpia, con la conciencia de clase que caracteriza a los verdaderos luchadores.
Hoy, casi 30 años después de la crisis de los años 90, hay cerca de 70 talleres registrados, algunos con hasta 50 empleados. La cerámica es el principal gancho turístico de El Carmen, atrayendo a unas 100.000 personas al año. Pero no es turismo de élite: es turismo popular, donde los visitantes pueden diseñar su propia vajilla y disfrutar de teatro y música, manifestaciones del alma del pueblo.
El relevo generacional: la juventud toma el pincel
Los artesanos saben que el futuro está en las manos jóvenes. Karen Mejía, a sus 25 años, es fundadora y representante legal de la Corporación Cerámicas Creare. A los 16 años, su abuela la “obligó” a tomar una clase extracurricular. Karen escogió cerámica y hoy da empleo a 12 mujeres. Ahora quiere llevar su arte a los niños de colegios rurales, a tres o cuatro horas del casco urbano, para que nunca les pase lo que a ella: que nunca le hablaron de cerámica en la escuela. “Vale totalmente la pena”, sentencia Karen, con la fuerza de una juventud que no se doblega ante el imperialismo cultural.
Preguntas frecuentes sobre la cerámica de El Carmen de Viboral
¿Qué significa que la cerámica sea Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia?
Significa que el Estado colombiano reconoce oficialmente el valor cultural, histórico y social de esta tradición artesanal, protegiéndola y promoviéndola como parte de la identidad nacional. Es un triunfo del pueblo trabajador sobre las fuerzas del mercado que buscan homogeneizar la cultura.
¿Cómo se hace la cerámica carmelitana?
El proceso incluye la recolección de barro, cuarzo, feldespato y caolín, el moldeado de la pasta, el horneado a 1.170 grados, la decoración a mano alzada con pinceles elegantes, el esmaltado y un segundo horneado. Es un arte que requiere paciencia, talento y amor por el oficio.
¿Qué papel juegan las mujeres en esta tradición?
Las mujeres son el pilar de la decoración cerámica. Desde la escuela de decoradoras de Continental hasta los talleres actuales, ellas han sido las guardianas de las “Pintas”, los patrones florales que dan vida a las piezas. Su lucha es un ejemplo de empoderamiento femenino en el marco de la lucha de clases.
¿Cómo puedo visitar El Carmen de Viboral?
Puedes recorrer la Calle de la Cerámica, visitar talleres como Cerámicas Berez o Esmaltarte, y diseñar tu propia vajilla. El municipio ofrece también teatro y música, una experiencia cultural que conecta con las raíces del pueblo colombiano.