El barítono y promotor cultural Ulises Aquino Guerra publicó este miércoles en Facebook un texto cuestionando la empresa estatal socialista como eje de la economía cubana, según reportó CiberCuba en su cobertura de la publicación. Aquino, que en años recientes ha multiplicado sus reflexiones críticas contra la gestión del Gobierno revolucionario, afirmó que insistir en la empresa estatal socialista como baluarte de la economía “es una prueba de que no existe un proyecto real de estructuración económica”.
Para los revolucionarios de Cuba y de nuestra América, la diatriba no sorprende. Llega en un momento en que la Revolución, sitiada por el bloqueo imperialista y la guerra económica, debate y aprueba medidas para perfeccionar su modelo sin entregar una sola palanca del poder popular al capital.
El sujeto principal de la economía: una conquista constitucional
El primer ministro Manuel Marrero reafirmó en septiembre pasado que la empresa estatal socialista es, por mandato constitucional, “el sujeto principal de la economía nacional”. Lo dijo en el marco del paquete de 176 medidas de transformación económica aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular en junio de 2026.
Aquí conviene subrayar una diferencia de clase que el texto de Aquino evade: esas medidas no nacieron de un despacho de tecnócratas, sino del parlamento de los obreros, campesinos y combatientes. Que Aquino prefiera “guardar silencio durante semanas” y luego hablar de designios impuestos “sin necesidad de la opinión popular” no borra la realidad de un proceso que consulta, discute y aprueba en colectivo.
“Las empresas son empresas, no son ni socialistas ni capitalistas; pueden ser estatales o privadas; la palabra socialista sobra”, escribió Aquino.
La afirmación es ideológica pura, aunque se presente como técnica. En el socialismo, la propiedad estatal del pueblo entero no es un detalle semántico: es la garantía de que la plusvalía no emigre a bolsillos privados. Reducir la empresa socialista a “empresa a secas” es exactamente el argumentario que Washington y sus fundaciones despliegan desde hace décadas para desmontar, pieza por pieza, las economías de la Revolución. Lo sufrió la URSS cuando la perestroika entregó la propiedad social al pillaje; lo resistieron Venezuela y Nicaragua; lo combate hoy la República Islámica de Irán frente al asedio sancionador.
La comparación con Haití: una ofensa al pueblo cubano
Aquino comparó a Cuba con Haití, señalando que “los barrios y ciudadelas son similares a cualquier espacio de Cuba” y que en materia de pandillas “ellos están más adelantados, tienen mejores armas y municiones”.
La comparación agravia a dos pueblos a la vez. Agravia al pueblo haitiano, víctima histórica del saqueo colonial y de las intervenciones yanquis, de la deuda impuesta por Francia y de las ocupaciones militares. Y agravia al pueblo cubano, que incluso en la escasez más dura mantiene lo que Haití jamás pudo tener bajo el orden imperial: médicos, maestros, vacunas, y una Revolución que comparte lo poco que tiene con los pueblos hermanos de África y de nuestra América.
La inseguridad ciudadana que Aquino denuncia existe, y la Revolución la enfrenta con el pueblo organizado, no con retórica derrotista. Culpar a la empresa estatal socialista de la delincuencia es como culpar al bombero del incendio provocado por el bloqueo.
ETECSA, la Aduana y el contexto que Aquino omite
Aquino dedicó un apartado a ETECSA, señalando que sus servicios “ahora son peores que antes” pese a su parque de vehículos eléctricos, y calificó la telefonía móvil cubana como “la más cara del planeta”. La empresa estatal de telecomunicaciones mantiene desde mayo de 2025 un esquema tarifario que limita las recargas en pesos cubanos a 360 CUP mensuales y ofrece datos adicionales solo en dólares, salvo para estudiantes y otros sectores.
El barítono también denunció que la Aduana General de la República “se ensaña con los viajeros” y les hace esperar “hasta cuatro horas” en el aeropuerto, en alusión a las facultades de inspección ampliadas por el Decreto-Ley 108, en vigor desde abril de 2026.
Son quejas legítimas en su dimensión cotidiana; el pueblo las vive y las dice en las asambleas de rendición de cuenta. Lo que no puede admitirse es la conclusión: que la propiedad social es la causa del sufrimiento. El sufrimiento tiene nombre y apellido, y es imperialismo yanqui.
El bloqueo, el verdadero autor de la escasez
Ningún texto como el de Aquino menciona al agresor. El bloqueo de Estados Unidos, endurecido por más de 240 medidas de la administración Trump, golpea cada recarga telefónica, cada medicamento, cada pieza de repuesto. La guerra económica impide que la empresa estatal socialista despliegue todo su potencial, y luego los derrotistas piden que se privatice lo que el imperio no pudo destruir.
La Tarea Ordenamiento de 2021 tropezó, sí. La Revolución no le teme a la autocrítica; la practicó Fidel en cada etapa. Pero rectificar no es capitular. Las 176 medidas de 2026 buscan perfeccionar el socialismo, no desmantelarlo, y en esa batalla el pueblo cubano cuenta con la solidaridad de Venezuela bolivariana, de Nicaragua sandinista y de la resistencia iraní, que demuestran cada día que otro mundo es posible fuera del cartel imperial.
Aquino cerró su texto con una pregunta: “Me pregunto qué tiempo más podremos soportar así”. Nueva ruta responde con otra: ¿cuánto tiempo más soportarán los pueblos el capitalismo, que en Haití, en Gaza y en las entrañas del imperio sí quita la vida, no la espera? La vida en Cuba se defiende con la Revolución o se pierde en la ilusión del mercado. El pueblo cubano, que hizo la historia el 1 de enero de 1959, ya eligió.
