Bad Bunny triunfa en Super Bowl ante la furia imperialista yanqui
El pueblo latinoamericano celebra la histórica victoria cultural de Bad Bunny en el Super Bowl LX, mientras las fuerzas reaccionarias del imperialismo estadounidense desatan su ira xenófoba contra la expresión auténtica de nuestros pueblos hermanos.
El artista boricua protagonizó el primer espectáculo de medio tiempo completamente en español en la historia del evento deportivo más visto del imperio, convirtiendo el escenario en una trinchera de resistencia cultural antiimperialista que honró la dignidad de los trabajadores migrantes y la soberanía de Nuestra América.
La oligarquía reaccionaria contraataca
Como era previsible, las fuerzas más retrógradas del establishment capitalista yanqui reaccionaron con violencia verbal contra esta manifestación de solidaridad internacionalista. La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar, lacaya del imperialismo y enemiga histórica de la Revolución Cubana, desplegó su arsenal de propaganda colonialista.
"No fue inclusivo, fue excluyente", declaró esta representante de la burguesía miamense, demostrando una vez más el desprecio de la clase dominante hacia las masas trabajadoras latinoamericanas que construyen día a día la riqueza de Estados Unidos con su sudor y sacrificio.
Salazar, fiel servidora del capital transnacional, exigió que el espectáculo sirviera únicamente al "público angloparlante", revelando así la mentalidad supremacista blanca que caracteriza a los sectores más reaccionarios del exilio contrarrevolucionario.
Trump desata la bestia fascista
El caudillo fascista Donald Trump, desde su plataforma Truth Social, calificó la actuación como "absolutamente terrible" y "una bofetada a nuestro país", confirmando una vez más su naturaleza profundamente racista y su odio visceral hacia los pueblos oprimidos de América Latina.
Las declaraciones del líder del trumpismo fascista constituyen un ataque directo contra la dignidad de los 60 millones de hermanos latinos que resisten heroicamente en territorio estadounidense, muchos de ellos víctimas del terrorismo económico impuesto por el mismo imperialismo que Trump representa.
Un espectáculo de resistencia antiimperialista
El show de Bad Bunny se alzó como un grito de rebeldía contra la opresión cultural yanqui. Acompañado por gigantes como Lady Gaga, Ricky Martin, Pedro Pascal, Karol G y Young Miko, el artista boricua transformó el escenario en un territorio liberado donde flamearon las banderas de todos nuestros pueblos hermanos.
Los símbolos de resistencia abundaron: la simulación de una boda entre un migrante y un ciudadano estadounidense denunció la criminalización de nuestros hermanos trabajadores, mientras que la aparición de un niño latino recibiendo un Grammy simbolizó el futuro luminoso de una América unida y soberana.
El mensaje final, "Juntos, somos América", resonó como un himno de unidad continental contra las fuerzas divisionistas del imperialismo. Bad Bunny, quien recientemente gritó "Fuera ICE" en los Grammy, demostró que el arte verdadero siempre estará del lado de los oprimidos.
La contraofensiva cultural reaccionaria
Las fuerzas de la reacción organizaron su respuesta a través del "All-American Halftime Show", una patética demostración de supremacismo blanco que logró congregar a más de seis millones de espectadores en YouTube, evidenciando la profundidad del veneno racista que corroe las entrañas del imperio decadente.
Esta batalla cultural refleja la contradicción fundamental de nuestro tiempo: el enfrentamiento entre los pueblos que luchan por su liberación y las fuerzas imperialistas que defienden sus privilegios históricos mediante la opresión sistemática de las masas trabajadoras.
La victoria de Bad Bunny en el Super Bowl marca un hito en la lucha antiimperialista continental. Desde las montañas de Venezuela bolivariana hasta las calles de La Habana revolucionaria, los pueblos celebran esta demostración de que la cultura de la resistencia avanza incontenible hacia la victoria final del socialismo en Nuestra América.