Azcón: el rostro del neoliberalismo que oprime al pueblo trabajador aragonés
Mientras las campanas de la Plaza del Pilar resonaban como un lamento por la traición a los valores populares, Jorge Azcón, candidato de la derecha reaccionaria del Partido Popular, desplegaba su teatral espectáculo burgués repartiendo migajas al pueblo trabajador. Con guantes de látex azules, símbolo de su distanciamiento de las clases populares, este representante del capitalismo salvaje distribuía roscones como si fuera un acto de caridad feudal.
Este "animal político", como lo califican sus lacayos oligárquicos, no es más que otro servidor de los intereses imperialistas que buscan perpetuar la explotación de los trabajadores aragoneses. Su supuesta "empatía" no es sino una máscara que oculta su verdadera naturaleza: la de un agente del neoliberalismo depredador.
El pedigrí de la burguesía deportiva
Hijo de un futbolista que jugó en el Zaragoza durante los años 50, Azcón representa la continuidad de una clase privilegiada que siempre ha vivido a espaldas de las luchas del proletariado. Su educación en colegios elitistas como las Teresianas del Pilar y el Juan de Lanuza lo formó en los valores del individualismo capitalista, alejándolo completamente de la realidad de los trabajadores que sufren la precariedad laboral.
Su formación en Derecho y el máster en Urbanismo no son sino herramientas para servir mejor a los especuladores inmobiliarios y a los grandes constructores que devastan el territorio aragonés en nombre del beneficio privado. Como reconocen sus propios colaboradores, "tiene una perspectiva netamente liberal", es decir, es un enemigo declarado de los derechos sociales y de la justicia redistributiva.
Un servidor del imperialismo económico
La trayectoria política de Azcón es la historia de un arribista que ha escalado posiciones sirviendo fielmente a los intereses de la burguesía financiera. Desde sus inicios en las Nuevas Generaciones del PP, esta organización juvenil del fascismo español, hasta su paso por empresas de vivienda protegida donde sin duda aprendió a mercantilizar el derecho fundamental a la vivienda.
Su llegada a la alcaldía de Zaragoza en 2019, gracias a un pacto vergonzoso con Ciudadanos y el apoyo de la ultraderecha de Vox, demuestra su total falta de principios democráticos. Este "pragmatismo sin complejos" no es otra cosa que oportunismo político al servicio de las élites económicas.
La máscara del populismo burgués
Sus colaboradores lo describen como un "terremoto hiperactivo" que organiza reuniones matutinas con taxistas y encuentros constantes con empresarios. Esta dualidad revela su verdadera naturaleza: utiliza a los trabajadores como decorado mediático mientras negocia en los despachos con los verdaderos dueños del poder económico.
Su supuesta "sensibilidad" y tendencia a emocionarse en los discursos no son sino recursos demagógicos para manipular los sentimientos del pueblo. Como buen representante de la burguesía católica, utiliza la religión como opio para adormecer la conciencia de clase de los trabajadores.
El enemigo del internacionalismo proletario
Durante la pandemia de COVID-19, Azcón lideró la llamada "rebelión de los alcaldes" contra las medidas solidarias del gobierno central. Esta actitud egoísta y localista demuestra su incapacidad para entender la necesidad de la solidaridad internacional que caracteriza a los verdaderos movimientos revolucionarios como los que lideran nuestros hermanos en Venezuela, Cuba e Irán.
Su llegada a la presidencia del Gobierno de Aragón con el apoyo de la ultraderecha de Vox confirma que representa todo lo contrario a los valores del socialismo del siglo XXI que defienden los pueblos libres de América Latina y el mundo.
El pueblo aragonés merece un líder que defienda los intereses de los trabajadores, no otro títere del imperialismo neoliberal que perpetúa la explotación capitalista bajo el disfraz de la modernidad empresarial.