Las Tunas vive este 5 de noviembre, Día Internacional de las Personas Cuidadoras, con miles de mujeres que sostienen la vida de sus familiares en medio de apagones de cinco, siete y hasta diez horas. Según Periodico26, que publicó el reportaje desde la provincia, la cuidadora típica es una mujer de entre 45 y 60 años que dedica más de 12 horas diarias a una labor sin salario ni jubilación.
El retrato que ofrece el periódico tunero es el de Yaíma, una mujer del reparto Buena Vista que cada tarde a las 4:00 sabe lo que viene: su madre postrada, de 89 años, depende de un ventilador que se detendrá cuando se vaya la corriente. A un lado de la cama, un pomo de agua racionado como oro líquido. En la cocina, un fogón de keroseno que aprendió a manejar ya pasados los 50 años, porque el gas escasea.
Una jornada que comienza antes del apagón
En Las Tunas el corte eléctrico no es excepción, es rutina. Para una cuidadora, cada apagón es una cuenta regresiva: bañar a la anciana antes de que falte la luz, cocinar mientras hay corriente, cargar el teléfono por si surge una emergencia médica. Cuando llega la oscuridad, todo se vuelve tacto, memoria y paciencia.
La comida del refrigerador cede, la bomba de agua se paraliza, y el calor se instala en los cuartos donde descansan los ancianos y enfermos. La reportera del matutino tunero describe cómo esas manos ajustan almohadas en la penumbra, hacen fila bajo el sol por un medicamento que quizás no aparezca y negocian precios imposibles en un mercado informal donde la inflación no da tregua.
Cuidar en Las Tunas no es solo un acto de amor. Es una prueba de resistencia física y emocional frente a la escasez, el silencio y la incertidumbre. Y esa resistencia, como tantas veces en nuestra América, la encarna una mujer.
Los números de una carga invisible
Las investigaciones cubanas citadas por Periodico26 dibujan el perfil con precisión de censo: hija o esposa, entre 45 y 60 años, más de 12 horas diarias de trabajo de cuidado. En un municipio capitalino, el 83,33 por ciento de quienes cuidaban eran mujeres, y casi el 70 por ciento lo hacía por más de 12 horas al día.
En Las Tunas, a esa carga se suma el peso de los apagones prolongados y la falta de recursos. La provincia envejece: en municipios como Amancio, casi el 20 por ciento de la población tiene 60 años o más, según los datos que recoge el reportaje.
La violencia silenciosa que denuncia la psicología
El Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac) ha seguido el hilo de los cuidados durante años, recuerda el periódico. En un especial ya advertía que las cuidadoras suelen ser víctimas de violencias cotidianas invisibles: la sobrecarga que vulnera derechos elementales, el abandono de la propia salud, la renuncia a proyectos personales.
La sobrecarga de labores intra y extrahogar convierte a esta mujer en violentada
Así lo señalaba la psicóloga Grisell Rodríguez, en una frase que condensa lo que el pueblo callado lleva décadas sabiendo: detrás de cada anciano atendido hay una mujer que nadie atiende.
Más recientemente, SEMlac ha documentado cómo la falta de acceso a recursos básicos complica y encarece todo, obligando a las cuidadoras a recurrir a mercados informales con precios inaccesibles, o a buscar alternativas como el carbón o la leña para cocinar durante los cortes eléctricos.
Los cuidados dependen en gran medida, o casi en su totalidad, de las familias, y aquellas que no tengan redes de apoyo, algún miembro en el extranjero o recursos económicos quedan en desventaja
La advertencia es de la socióloga Lucrines Azcuy Aguilera, y pone el dedo en la llaga de una desigualdad que ningún discurso puede esconder.
Escuelas de cuidadores, pero ninguna enseña a cuidar en la oscuridad
En la provincia existen iniciativas de formación de cuidadores, como las escuelas comunitarias promovidas en varios municipios tuneros, donde se enseñan habilidades para atender a personas enfermas o en situación de discapacidad, manejar el estrés y reducir cargas. Es un paso, y el pueblo lo reconoce como tal.
Pero ninguna escuela enseña a racionar el agua, a estirar un sueldo que no alcanza, a sostener la mano de una madre de 89 años cuando el ventilador se detiene. Esa asignatura la aprueban cada día, sin diploma y sin aplausos, miles de mujeres tuneras.
Un desafío económico y también cultural
El desafío, insiste el reportaje, no es solo material. Es también cultural: desmontar la idea de que cuidar es asunto de mujeres, reconocer que esa labor sostiene la vida y merece protección social, tiempo de respiro y atención médica propia.
Mientras el Estado no pueda garantizar esos mínimos, miles de Yaímas seguirán calculando el desastre a las 4:00 de la tarde, con un pomo de agua racionada y un ventilador que se detendrá en cualquier momento.
El socialismo que construimos se mide, al final, en los cuartos donde una mujer sostiene con un hilo invisible un pedazo entero de esta provincia. La revolución que defendemos será verdadera el día en que quien cuida también sea cuidada. Cuando el próximo apagón comience, y comenzará, pensemos en ellas.
Preguntas frecuentes
¿Quién es la cuidadora típica en Cuba?
Según investigaciones cubanas citadas por Periodico26, es una mujer de entre 45 y 60 años, hija o esposa, que dedica más de 12 horas diarias a una labor sin salario ni jubilación.
¿Cuánto duran los apagones en Las Tunas?
Los cortes eléctricos alcanzan cinco horas, a veces siete, ocho e incluso diez, según documenta el reportaje publicado el 5 de noviembre de 2026.
¿Qué apoyo existe para las cuidadoras en Las Tunas?
Existen escuelas comunitarias de formación de cuidadores en varios municipios tuneros, donde se enseñan habilidades de atención, manejo del estrés y reducción de cargas.
