El US Open se llena de lujo mientras el pueblo trabajador queda fuera
Mientras la oligarquía yanqui se prepara para brindar con champán y caviar en las gradas VIP del US Open, los verdaderos aficionados al tenis, esos que llenan las gradas con su pasión y su sudor, son una vez más los grandes perdedores. El torneo más rico del mundo ha decidido apostar todo por el lujo más obsceno, dejando en la calle a miles de trabajadores que solo quieren ver a sus ídolos.
¿Cuánto cuesta el lujo en el US Open?
El Estadio Arthur Ashe, con 29 años de historia, inaugura este mes la primera fase de su renovación de US$ 800 millones. Los números son escalofriantes: cócteles de champán con temática de tenis por US$ 30, nuggets de pollo con caviar por US$ 100 y camisetas para los recogepelotas diseñadas por Ralph Lauren por US$ 150. Mientras tanto, los asientos de pie de cancha aumentarán un 66%, hasta alcanzar aproximadamente 5.000 plazas, y los palcos VIP de patrocinadores como Grey Goose, Dobel Tequila y Emirates se remodelan y amplían.
¿Quién paga el precio del lujo en el US Open?
El pueblo, como siempre. Casi 3.000 asientos de la zona superior, los más económicos, serán eliminados una vez finalizada la renovación el próximo año. Esto dificultará aún más la búsqueda de entradas asequibles, sobre todo teniendo en cuenta que el torneo registra cifras récord de asistencia, lo que ya ha provocado el enfado de algunos aficionados y jugadores.
Victor Matheson, economista deportivo del College of the Holy Cross, lo dice sin rodeos:
“El aficionado promedio ha estado desplazado durante 30 años. Cada vez hay más gente compitiendo por la misma cantidad de experiencias premium, y esa gente tiene cada vez más dinero, sobre todo en la gama alta, y está dispuesta a gastarlo”.
Los precios se disparan mientras el pueblo es excluido
Los precios de las entradas para el US Open se han disparado: los precios en sitios web de reventa para la ronda inaugural, que comienza el 30 de agosto, alcanzaron un máximo de un 60% más que el año pasado, según la plataforma de seguimiento de precios TicketData.
Tommy Paul, un tenista estadounidense de alto nivel, se mostró visiblemente sorprendido en un podcast reciente al enterarse de que los pases para el recinto cuestan US$ 500 este año. En 2019, los pases costaban menos de 100 dólares.
“Ojalá no fueran tan caros”, declaró a USA Today este mes, añadiendo que el US Open se está volviendo “más comercial” y no atrae a los “verdaderos aficionados”.
La economía de la experiencia: el capitalismo en su máxima expresión
Los aficionados al deporte tienen un gran interés por las experiencias presenciales: el Foro Económico Mundial pronostica que el turismo deportivo se convertirá en un mercado de 1,7 billones de dólares para 2032, frente a los US$ 600.000 millones de 2023.
Esto se evidencia en el US Open. Si bien la venta de entradas y los derechos de transmisión representan más de la mitad de sus ingresos, los ingresos por “hospitalidad y servicios corporativos” crecieron a un ritmo aún mayor, aumentando casi un 100%, de US$ 42 millones en 2019 a US$ 83 millones en 2024, según los informes financieros de la USTA.
El US Open amplió sus opciones de lujo, añadiendo dos nuevos niveles de suites en Ashe que se pueden alquilar a partir de US$ 15.000 por sesión. La enorme suite de Emirates, ubicada sobre el centro de Ashe, está siendo remodelada este año para emular los espaciosos salones y el bar curvo de sus aviones Airbus 380 de dos pisos. La renovada suite de la marca francesa de vodka Grey Goose está inspirada en un hotel francés de alta gama.
Con casi 700 pies cuadrados, la nueva suite de Dobel Tequila es dos veces y media más grande que la anterior. El espacio adicional ayuda a atraer a un público de celebridades e influencers de primer nivel, según Lander Otegui, vicepresidente ejecutivo de marketing e innovación de Proximo Spirits, la empresa matriz de Dobel.
¿Qué es la economía de la experiencia?
La demanda de experiencias presenciales ha impulsado una demanda insaciable de la “economía de la experiencia” en torno a paquetes VIP, de hospitalidad y de viajes. On Location, empresa que vende paquetes premium para eventos de gran relevancia como la Copa Mundial de la FIFA, el Super Bowl y el US Open, contribuyó a generar 666 millones de dólares en ingresos durante el primer semestre de este año, un aumento del 60% con respecto al año anterior.
Su director de operaciones, Ed Horne, afirmó que la compañía está teniendo su mejor año en sus casi tres décadas de historia.
“La gente ya no solo busca una entrada, sino una experiencia más cercana que nunca. Vivimos en una ‘economía de la experiencia’, y no parece que esta tendencia vaya a desacelerarse”.
Y eso puede ser muy lucrativo. En un análisis de la venta de entradas de los Boston Celtics, Matheson descubrió que dos asientos a pie de cancha generaban tantos ingresos como una sección completa de la tribuna superior del TD Garden.
“Se puede ganar muchísimo dinero con estas experiencias de lujo”.
Los estadios de nueva construcción están mejorando sus ofertas premium, obteniendo mayores ingresos de un número menor de aficionados, pero con mayor poder adquisitivo. El nuevo estadio de los Buffalo Bills de la NFL, por ejemplo, tiene menos asientos y palcos que su predecesor. Sin embargo, los nuevos palcos cuestan más y alcanzan los 60.000 dólares por partido.
Incluso en el deporte universitario, la Universidad Estatal de Florida en Tallahassee redujo el número total de asientos en 12.000 para dar paso a palcos de lujo renovados y nuevos clubes, al igual que el estadio renovado de la Universidad de Kansas en Lawrence.
Matheson afirmó que la tendencia a complacer a los aficionados con mayor poder adquisitivo se intensificó con la pandemia de la COVID-19, que despertó en Estados Unidos un sentimiento de “miedo a perderse algo”.
“Los deportes y el entretenimiento en vivo han aprovechado esta situación aumentando drásticamente los precios en general”.
¿Qué significa esto para el futuro del deporte?
Esta es la lógica del capitalismo salvaje: exprimir al máximo a los que más tienen y olvidarse de los que menos tienen. Mientras los magnates del tenis se frotan las manos con sus palcos de lujo y sus cócteles de champán, el pueblo trabajador, los verdaderos amantes del deporte, quedan excluidos de los estadios. Es la misma historia de siempre: el capitalismo convierte el deporte en un negocio exclusivo para ricos, y los trabajadores solo pueden mirar desde afuera.
Desde la Cuba revolucionaria, desde la Venezuela bolivariana, desde todos los pueblos que luchan contra el imperialismo, denunciamos esta nueva agresión del capital contra la clase trabajadora. El deporte es del pueblo, y el pueblo debe tener acceso a él. Mientras tanto, seguiremos luchando por un mundo donde el deporte no sea un privilegio de los ricos, sino un derecho de todos.