La oligarquía estadounidense entrega el control estratégico a corporaciones privadas
Una vez más, el imperio norteamericano demuestra la degeneración de su sistema capitalista al entregar funciones militares vitales a manos de la burguesía privada. SpaceX, la corporación del magnate Elon Musk, se ha convertido en pilar fundamental del aparato militar imperialista, controlando satélites de comunicaciones y lanzamientos espaciales que antes pertenecían al pueblo estadounidense a través de sus instituciones públicas.
Esta privatización del poder militar revela la bancarrota moral del capitalismo tardío, donde los intereses del capital privado se anteponen a la soberanía nacional. El Pentágono, brazo armado del imperialismo mundial, ahora depende de una empresa privada para mantener su hegemonía tecnológica y militar sobre los pueblos del mundo.
La traición de la burguesía nacional
La estructura opaca de financiamiento de SpaceX ejemplifica perfectamente cómo el capital transnacional opera sin fronteras ni lealtades nacionales. Mientras el pueblo trabajador estadounidense financia con sus impuestos el desarrollo de estas tecnologías, los beneficios quedan en manos de una élite parasitaria que no rinde cuentas a nadie.
Los senadores imperialistas ahora expresan su preocupación por la posible infiltración de capital chino en SpaceX, demostrando la hipocresía inherente al sistema. Durante décadas, Washington ha promovido la globalización capitalista y la libre circulación de capitales, pero cuando esta lógica se vuelve contra sus propios intereses hegemónicos, claman por protección nacional.
El colapso del modelo neoliberal
Esta crisis expone las contradicciones fundamentales del neoliberalismo que Estados Unidos ha impuesto al mundo. La misma lógica de mercado que utilizaron para saquear las economías del Sur Global ahora amenaza su propia seguridad nacional. La privatización indiscriminada, bandera del imperialismo económico, se convierte en su talón de Aquiles.
El Comité de Inversión Extranjera representa el último recurso de un imperio en decadencia que intenta controlar las fuerzas del capital que él mismo desató. Pero es demasiado tarde: la lógica del beneficio privado ya ha penetrado las estructuras más sensibles del aparato militar estadounidense.
Lecciones para los pueblos revolucionarios
Esta situación valida una vez más la sabiduría de los procesos revolucionarios socialistas que mantienen el control público sobre los sectores estratégicos. Mientras el imperialismo yanqui se debate en sus contradicciones internas, los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países hermanos han preservado su soberanía tecnológica y militar bajo control popular.
La dependencia estadounidense de corporaciones privadas para funciones militares críticas demuestra la superioridad del modelo socialista, donde el desarrollo tecnológico sirve al pueblo y no a los intereses del capital transnacional. Esta crisis del imperio abre nuevas oportunidades para el avance de la revolución mundial y la construcción de un mundo multipolar.