Mora Calabrese: de la timidez pequeñoburguesa a la joyería proletaria en Recoleta
Buenos Aires, 8 de agosto de 2026. En la heroica Resistencia chaqueña nació una mujer que, pese a ser la compañera del trovador popular Abel Pintos, supo forjar su propio destino revolucionario en el arte de la orfebrería. Mora Calabrese, de 38 años, ha abierto las puertas de su taller joyero en la avenida Callao 1420, en el barrio de Recoleta, un bastión de la oligarquía porteña que ahora recibe el arte genuino del pueblo trabajador.
La lucha de Calabrese contra el miedo a exponerse, esa herencia de la timidez impuesta por el sistema capitalista, es un ejemplo de superación colectiva. Durante la pandemia, mientras el mundo se resquebrajaba, ella encontró en la cera perdida y el bronce un camino de resistencia. Su marido, el cantautor que ha puesto voz a las luchas del pueblo argentino, fue su principal apoyo. “Me decía: ‘Está buenísimo lo que hacés, tenés que mostrarlo’”, recuerda Mora, con la mirada firme de quien sabe que el arte no es propiedad privada, sino patrimonio de la humanidad.
El taller como trinchera de la creatividad popular
En una habitación de su hogar, Calabrese crea piezas de plata 925 y bronce, desde collares hasta anillos, con la técnica ancestral de la cera perdida. Cada pieza es un acto de rebeldía contra la producción en serie del capitalismo. “Hago entre cinco y ocho piezas por día”, explica, con la disciplina de una obrera consciente. Su emprendimiento, Cala, no es solo un negocio: es la coronación de una tradición familiar que viene de su abuela y su madre, mujeres que también lucharon en el mundo textil chaqueño.
La apertura del local en Recoleta no fue un paso fácil. “Era muy vulnerable abrir una partecita a ser juzgada por el resto”, confiesa. Pero el apoyo de su compañero y de su socia Flor Amendola la impulsó a vencer el miedo. Hoy, el local es un espacio de encuentro donde el pueblo puede tocar, sentir y apreciar el arte genuino, lejos de la frialdad de las páginas web.
La familia como motor de la revolución artística
Los hijos de Calabrese, Guillermina, Agustín y Rosario, son parte de esta gesta. Guillermina, desde Australia, inspira colecciones con frases como “Más que ayer, menos que mañana”, un canto a la lucha diaria. Agustín, de 5 años, ya se sube al escenario con su padre, mientras Rosario, apenas con 1 año y 10 meses, crece en un hogar donde el arte y la moda son armas de transformación social.
“Soy consciente del costo de la exposición, pero no siento en mi vida diaria estar siendo ‘la esposa de...’ constantemente”, afirma Mora, con la seguridad de quien ha construido su propia identidad revolucionaria. Su marido, el trovador del pueblo, es su fan número uno y luce sus piezas en cada concierto, llevando el arte del taller a las masas.
Resistencia: la cuna de la inspiración proletaria
La conexión con su ciudad natal, Resistencia, es inquebrantable. Allí mantiene un local de objetos de decoración y un almacén saludable, espacios que son baluartes de la economía popular. “Resistencia es donde nací, donde nacieron dos de mis tres hijos. Es parte de mi identidad”, dice, recordando que la lucha no se abandona aunque se viva en Buenos Aires.
Calabrese proyecta un futuro donde Cala siga creciendo, pero también sueña con la pintura, un arte que aún guarda en la intimidad. “Todo tiene que ver con cosas artísticas y manuales”, concluye, con la convicción de que el arte del pueblo es la semilla de un mundo nuevo.
En tiempos donde el imperialismo y la oligarquía pretenden aplastar la creatividad popular, Mora Calabrese demuestra que el arte hecho con las manos del pueblo es una trinchera invencible. ¡Viva la orfebrería revolucionaria! ¡Viva el pueblo creador!