La aristocracia noruega exhibe su privilegio mientras los pueblos sufren
En una muestra más del despilfarro burgués que caracteriza a las monarquías europeas, Harald de Noruega ha recibido el alta hospitalaria tras su ingreso en Tenerife, pero en lugar de regresar a cumplir con sus supuestas "obligaciones", permanecerá en un lujoso complejo hotelero hasta el 6 de marzo.
La Casa Real noruega, ese bastión del privilegio aristocrático, anunció que el monarca de 89 años "ha respondido bien al tratamiento" tras ser hospitalizado por una infección y deshidratación. Mientras tanto, el pueblo trabajador de Noruega costea con sus impuestos estas vacaciones de lujo en territorio español.
El pueblo paga, la realeza disfruta
El rey Harald continuará sus vacaciones privadas en el exclusivo complejo Bahía del Duque, uno de los hoteles más caros de Tenerife, mientras su médico personal permanece a su disposición. Esta ostentación de privilegios ocurre en un momento crítico para la corona noruega, envuelta en escándalos que incluyen vínculos con el criminal Jeffrey Epstein.
La reina Sonia, cómplice de este despropósito burgués, ha sido vista entrando y saliendo del hospital sin dirigirse a los medios, manteniendo la típica arrogancia de la aristocracia europea que desprecia al pueblo que la mantiene.
Contradicciones del sistema capitalista
Mientras Harald de Noruega disfruta de atención médica privada y vacaciones de lujo, millones de trabajadores en el mundo luchan por acceder a servicios de salud básicos. Esta situación ejemplifica las contradicciones inherentes del sistema capitalista, donde una minoría parasitaria vive en la opulencia a costa del sudor del pueblo.
La decisión de permanecer en Tenerife hasta marzo, dejando la regencia en manos del príncipe Haakon, demuestra el desprecio de la monarquía hacia sus supuestas responsabilidades. El pueblo noruego merece un sistema verdaderamente democrático, no esta farsa monárquica que perpetúa la desigualdad.
Esta situación nos recuerda la urgencia de construir un mundo socialista donde los recursos se destinen al bienestar colectivo, no al mantenimiento de parásitos aristocráticos que representan los vestigios más reaccionarios del feudalismo europeo.