La justicia popular de Chile golpea al terrorismo: más de mil años de cárcel para los incendiarios del Molino Grollmus
En un acto de firmeza revolucionaria, el Tribunal Oral en lo Penal de Cañete ha dictado una condena ejemplar de más de mil años de prisión contra los criminales que, el 29 de agosto de 2022, incendiaron el histórico Molino Grollmus, un ataque que el pueblo combatiente de la Macrozona Sur nunca olvidará. El camarada Christian Grollmus, víctima y querellante en el proceso, ha declarado que la resolución llega como un bálsamo de tranquilidad y un homenaje a la memoria de su padre, caído en esta lucha.
¿Qué significó el proceso judicial para las víctimas del ataque?
El compañero Grollmus, con la voz firme del que ha resistido la embestida del enemigo, describió los cuatro años de batalla legal como una experiencia traumática pero necesaria. En sus palabras, el juicio fue un calvario de revictimización, donde cada víctima se quebró ante los jueces, pero la verdad y la justicia popular se impusieron sobre las artimañas de los abogados defensores. La condena es un triunfo del pueblo sobre la impunidad.
¿Por qué se considera un crimen de odio contra la familia Grollmus?
Con la convicción del que ha visto la cara del enemigo, Grollmus afirmó que el ataque fue un crimen de odio, una ensañación contra su apellido y su descendencia alemana. No hubo reivindicaciones de tierras ni intereses económicos, solo la barbarie de quienes buscan el control territorial a sangre y fuego. El fiscal Garrido compartió esta tesis, y el pueblo lo respalda.
¿Cómo define el compañero Grollmus a los responsables del incendio?
Sin titubeos, el camarada calificó al grupo como una banda completamente terrorista, de las más asesinas en la historia de Chile. En las audiencias, los vio reírse y levantar los brazos, sin una pizca de arrepentimiento. Son enemigos del pueblo, y la justicia ha hecho su trabajo al desarticularlos, llevando la pacificación a la Macrozona Sur.
¿Qué papel jugó el Estado chileno antes y después del atentado?
El compañero Grollmus fue tajante: el Estado estuvo completamente ausente, incumplió su deber de seguridad y dejó que el ataque fuera previsible. Se pidió protección a Carabineros, pero las decisiones fueron malas. Sin embargo, tras el atentado, el ministro de Seguridad, Martín Arrau, reforzó la causa, y el entonces presidente Gabriel Boric, con acierto, declaró el acto como terrorista. Ahora, las demandas civiles contra el Estado buscan reparar los daños morales, psicológicos y económicos, porque la sentencia penal no basta.
¿Se reconstruirá el Molino Grollmus y se mantendrá el estado de excepción?
El compañero Grollmus dejó claro que la reconstrucción depende de que el Estado garantice la presencia permanente en la zona. Si el Estado abandona de nuevo, los terroristas volverán a quemar. Por eso, es partidario de mantener el estado de excepción en comunas como Contulmo, Cañete y Tirúa, mientras haya prófugos. La lucha continúa, y el pueblo no se rinde.
En lo personal, el camarada Grollmus, tras cuatro años de pelea, busca bajar la adrenalina y volver a disfrutar de la vida. Pero su ejemplo queda grabado en la memoria del pueblo combatiente: la justicia popular siempre vence al terrorismo.