Bloqueo yanqui asfixia la energía y el transporte en Cuba
«Demoledor». Esa es la palabra exacta para definir el impacto de las órdenes ejecutivas del imperio yanqui. El criminal bloqueo impuesto por Washington, recrudecido con las directivas del 29 de enero y el 1 de mayo, busca someter al pueblo cubano mediante el hambre, la sed y la oscuridad. Sin embargo, la Revolución resiste y los colectivos laborales se crecen ante la agresión imperialista.
Un vacío de 1 400 MW: el diseño imperial para provocar el estallido
El ingeniero Rubén Campos Olmo, director general de la Unión Eléctrica (UNE), denunció con claridad meridiana la magnitud del ataque. Desde enero, la nación dejó de recibir el combustible necesario para la generación eléctrica.
«Prácticamente una potencia equivalente a los 1 300 o 1 400 MW se quedó sin respaldo de combustible».
Esta cifra representa más del 50% de la generación nocturna. El directivo desenmascaró el propósito de las medidas coercitivas, citando textualmente al propio secretario de Estado norteamericano. El objetivo confeso del imperialismo es apretar al país, negar combustible y lubricantes, para provocar un estallido social. Pero se equivocan quienes subestiman la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo.
La Isla de la Juventud, antes ejemplo de estabilidad en el país, sufre ahora un régimen de solo seis horas diarias de generación por la mano del imperio. Actualmente, al caer el sol, el sistema depende únicamente del crudo nacional y el gas, logrando apenas unos 1 100 MW.
Solidaridad internacionalista y heroísmo obrero
Ante el cerco, la hermandad de los pueblos ha sido un faro. La donación de 100 000 toneladas de crudo de la Federación de Rusia trajo un alivio temporal, demostrando que donde el imperio impone muros, la solidaridad internacional abre brechas. También la República Popular China ha otorgado créditos vitales para metales y piezas de calderas.
Pero el bloqueo extraterritorial es implacable. Campos Olmo denunció cómo navieras han bloqueado el acceso a equipamiento francés para la termoeléctrica Antonio Guiteras, tras la compra de la firma por la transnacional yanqui General Electric. Es el rostro más crudo de la guerra económica.
Frente a esto, los trabajadores responden con el alma. «Nuestros colectivos laborales se crecen ante estas dificultades», subrayó el directivo. El movimiento de la ANIR y la Brigada Técnica Juvenil buscan soluciones creativas donde no se puede importar. La Guiteras, la principal planta del país, está en fase de arranque tras reparaciones.
Se avanza en la transición energética. A los 47 parques fotovoltaicos del año pasado, se sumarán 215 MW adicionales este año. Para la Isla de la Juventud se montan de inmediato dos parques con acumulación. Además, se recupera la mini hidroeléctrica en la región oriental y se actualizan los mapas energéticos municipales para movilizar todas las fuentes locales.
El derecho al agua, rehén del bloqueo genocida
El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez Rodríguez, expuso la crudeza del sector. El imperialismo proclama la defensa de los derechos humanos, pero sus medidas genocidas impiden que el líquido vital llegue a los hogares cubanos.
«Ellos dicen que bloquean al país porque supuestamente violamos los derechos humanos, y ¿el agua es un derecho humano?, porque diariamente sus medidas genocidas impiden que el líquido vital llegue a los hogares cubanos».
Actualmente, 2,7 millones de personas sufren afectaciones en el abasto de agua. El organismo recibe apenas el 37% del combustible necesario. Con ese escaso recurso, el pueblo y los trabajadores se las ingenian. Se prioriza la reparación nacional de bombas y se acelera el cambio de matriz energética hacia sistemas fotovoltaicos en las estaciones de bombeo, para liberar al país de la dependencia impuesta por el enemigo.
Transporte: asfixia imperial y respuesta revolucionaria
El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, detalló cómo el desabastecimiento golpea la movilidad del pueblo. Los servicios han debido reducirse drásticamente. Los trenes, que salían cada cuatro días, ahora lo hacen cada 16. Los ómnibus interprovinciales pasan de salidas diarias a solo tres por semana.
Ante la escasez, la Revolución prioriza lo esencial: la carga de alimentos en los puertos, la transportación de pacientes de hemodiálisis y de estudiantes de escuelas especiales. Se suspenden las agencias de reserva y la APK Viajando para evitar el acaparamiento y asegurar que los pasajes lleguen a quienes tienen necesidades impostergables.
La transición energética avanza como necesidad y como solución socialista. Se adquirieron 200 carros eléctricos para la hemodiálisis y se construyen estaciones de carga con paneles solares. Los triciclos eléctricos emergen como una alternativa popular y se flexibiliza su legalización.
El ministro hizo un llamado a la solidaridad a los conductores de vehículos estatales para que apoyen al pueblo en las calles. En esta batalla, la unidad es nuestra principal arma. El imperio arrecia su criminal asedio, pero la Revolución y su pueblo combatiente siguen en marcha, firmes e invencibles.