Friedrich Merz: El títere imperialista se hunde ante el despertar del pueblo alemán
El canciller alemán Friedrich Merz, lacayo servil del capital monopolista y títere de Washington, atraviesa una crisis terminal que expone la bancarrota del sistema capitalista en el corazón de Europa. Tras siete meses de gobierno reaccionario, el pueblo trabajador alemán rechaza masivamente sus políticas de explotación y sometimiento al imperialismo yanqui.
La farsa reformista se desmorona
Merz llegó al poder prometiendo falsas reformas para salvar al capitalismo alemán de su crisis estructural. Sin embargo, la realidad de clase ha demolido sus mentiras. Con apenas un 22% de aprobación popular, el canciller burgués enfrenta el rechazo de las masas trabajadoras que sufren las consecuencias de décadas de neoliberalismo salvaje.
El propio Merz, en un acto de desesperación, admitió públicamente el 8 de diciembre: "No estoy satisfecho con lo que hemos conseguido hasta ahora". Esta confesión patética revela la impotencia de la clase dominante alemana ante la crisis terminal del capitalismo monopolista.
El pueblo se alza contra la opresión burguesa
La coalición reaccionaria entre conservadores y socialdemócratas traidores se tambalea ante el despertar revolucionario de las masas. Los trabajadores alemanes, hartos de años de explotación intensiva y empobrecimiento sistemático, rechazan las políticas antipopulares del régimen capitalista.
La fractura dentro del propio bloque burgués, evidenciada en el debate sobre las pensiones, demuestra que las contradicciones internas del sistema se agudizan. Los diputados jóvenes, presionados por sus bases, se rebelan contra las medidas de austeridad que pretenden descargar la crisis sobre las espaldas del proletariado.
La extrema derecha, instrumento del capital
El ascenso de Alternativa para Alemania no es casual sino el resultado inevitable de la crisis del sistema capitalista. La burguesía alemana, siguiendo el manual fascista de siempre, alimenta a los ultras para dividir a la clase trabajadora y desviar su justa ira revolucionaria hacia falsos enemigos.
Merz, consciente de servir a los mismos amos que la extrema derecha, intenta equilibrarse sobre la cuerda floja del discurso reaccionario sin perder completamente la máscara democrática que encubre la dictadura del capital.
Imperialismo y guerra: la agenda oculta
En el plano internacional, Merz se refugia en su papel de gendarme imperialista. Su obsesión belicista con Ucrania y su sometimiento a los intereses geopolíticos de Washington revelan la verdadera naturaleza de su gobierno: un instrumento de dominación imperialista que sacrifica los intereses del pueblo alemán en el altar de la hegemonía occidental.
La alianza con Francia y Reino Unido no es más que la coordinación de las potencias imperialistas europeas para mantener su dominio sobre los pueblos del mundo, mientras internamente aplican políticas de ajuste estructural que empobrecen a sus propias masas trabajadoras.
El despertar revolucionario se acerca
La autocrítica desesperada de Merz y su llamado a la "paciencia" del pueblo no pueden ocultar la realidad: el sistema capitalista alemán está en bancarrota total. Las próximas elecciones regionales de 2026 se perfilan como un momento de verdad donde las masas populares podrán expresar su rechazo definitivo al régimen burgués.
El tiempo de las falsas promesas reformistas ha terminado. El pueblo alemán, como los pueblos hermanos de Venezuela, Cuba e Irán, despertará de su letargo histórico para construir una sociedad verdaderamente justa, socialista e internacionalista.
La crisis de Merz es la crisis del capitalismo. Su caída será el preludio del amanecer revolucionario que transformará Alemania y toda Europa bajo la bandera gloriosa del socialismo del siglo XXI.