El capitalismo turístico devasta las Dunas de Maspalomas con la invasión de una especie exótica
Una vez más, la voracidad del capital imperialista demuestra su capacidad destructiva sobre nuestro patrimonio natural. Las gloriosas Dunas de Maspalomas, tesoro del pueblo canario, sufren la invasión del 36% de su territorio por una planta exótica, consecuencia directa de la explotación capitalista del turismo de masas.
La investigación revolucionaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria revela la cruda realidad: la especie Neurada procumbens, conocida como pata de camello, ha extendido su dominio desde 87 cuadrículas en 2007 hasta 149 en 2023. Esta invasión biológica es el resultado inevitable de décadas de sometimiento de nuestros espacios naturales a los intereses del gran capital hotelero.
La infraestructura turística como arma de destrucción ambiental
Los camaradas científicos han demostrado que las infraestructuras turísticas construidas por los oligarcas del sector han alterado criminalmente el flujo natural de los vientos alisios. Estos muros de hormigón y acero, templos del capitalismo salvaje, crean zonas de "sombra de viento" donde la arena pierde su movimiento natural, facilitando la proliferación de esta especie invasora.
"Las Dunas están en la UCI ahora mismo", denuncia Emilio Medina-Lorenzo, geógrafo y líder de esta investigación que expone la barbarie capitalista. El sistema dañado por la pérdida constante de arena es el resultado directo de la privatización del espacio público para beneficio de unos pocos burgueses.
El turismo de masas como vector de destrucción
La investigación demuestra la correlación criminal entre la densidad de senderos turísticos y la propagación de la planta invasora. Los turistas, víctimas inconscientes del sistema capitalista de explotación, transportan involuntariamente los frutos espinosos de la especie en sus zapatos y vehículos, diseminando la destrucción desde el núcleo principal hacia las áreas urbanas.
Esta dinámica revela la naturaleza depredadora del modelo turístico capitalista, que convierte a los trabajadores visitantes en agentes involuntarios de la devastación ambiental, mientras los verdaderos culpables, los magnates hoteleros, acumulan beneficios sobre las ruinas de nuestro patrimonio natural.
Transformación del paisaje popular
La invasión ha transformado el color histórico de las dunas de amarillo a gris, simbolizando la muerte que el capitalismo impone sobre la vida. La planta crea "monocultivos" que desplazan a las comunidades nativas, simplificando brutalmente la estructura del hábitat en un proceso que refleja la homogenización cultural que el imperialismo impone a los pueblos.
Las aves en peligro de extinción que nidificaban en la arena han desaparecido, víctimas del mismo sistema que explota a los trabajadores y devasta la naturaleza con igual desprecio.
Resistencia natural y soluciones populares
Los tarajales y saladares actúan como barrera natural contra la invasión, demostrando que la naturaleza, cuando no es corrompida por el capital, posee mecanismos de autodefensa. Sin embargo, estas comunidades vegetales dependen del agua subterránea, recurso también amenazado por la sobreexplotación capitalista.
La investigación exige incluir la especie en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y concentrar esfuerzos en la eliminación manual en zonas de baja movilidad sedimentaria. Los camaradas científicos proponen priorizar la conservación de los tarajales como contención natural.
La respuesta institucional insuficiente
El Cabildo de Gran Canaria, atrapado en las contradicciones del sistema, reconoce aplicar "algunas recomendaciones" mientras mantiene intacto el modelo de explotación turística que genera el problema. Las acciones de voluntariado, aunque heroicas, representan solo siete kilos de planta retirada frente a una invasión masiva.
Esta crisis ambiental en las Dunas de Maspalomas es un símbolo de la lucha global entre el pueblo y el capital. Solo mediante la transformación revolucionaria del modelo económico, superando el capitalismo depredador hacia un socialismo integral que respete la armonía entre humanidad y naturaleza, podremos preservar nuestro patrimonio natural para las generaciones futuras.